LA UNIVERSIDAD EN EL SIGLO XXI
Sousa, Santos Boaventura
LA UNIVERSIDAD EN EL SIGLO XXI - Primera edición; - México; Siglo XXI editores; 2015 - 173 páginas; Tapa flexible, sin imagenes, solo letras. 13.5 x 21 centímetros; Impreso Pequeño
1. Para una pedagogía del conflicto 2. De la idea de universidad ala universidad de ideas 3. La universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipadora de la universidad 4. La encrucijada de la universidad: A propósito de la universidad Europea
La universidad es una de las instituciones que mejor ha resistido la erosión del tiempo. Para esto, en el devenir de los siglos su estructura institucional ha sufrido profundas transformaciones. Si las analizamos al momento de su creación, las universidades más antiguas tienen muy poco en común. La Universidad de Tombuctú (ciudad de África Occidental, en lo que hoy es Mali, fundada en el año 982 de nuestra era y que en el siglo XII era frecuentada por unos 25 000 estudiantes) o la Universidad Al Azhar (fundada en El Cairo, Egipto, en el año 970, que actualmente supervisa una red de instituciones con dos millones de estudiantes), las principales universidades medievales (Boloña, fundada en 1088, Oxford, ¿fundada en 1096?, París-Sorbonne, fundada en 1150, Coimbra, fundada en 1290) y la Universidad de Humboldt de Berlín, fundada en 1810, cuyo modelo luego se expandió hacia toda Europa, América y el mundo. En común tuvieron el impulso inicial de promover los estudios avanzados y de formar élites (religiosas, políticas, culturales, científicas).La historia de la universidad nos ofrece una doble imagen. En cada momento histórico la universidad surge como una estructura pesada y rígida que se resiste al cambio, mientras que a lo largo del tiempo nos topamos con giros, a veces drásticos, que casi siempre son provocados por factores externos a la universidad, de tipo religioso, político o económico. Tal vez la gran excepción sea el movimiento interno, estudiantil, de la Universidad de Córdoba, Argentina, de 1917, que tuvo repercusión en las universidades de toda Latinoamérica.La pregunta que surge hoy es si actualmente la universidad vive un momento de estabilidad institucional o uno de transformación. En el libro que les presento, con mis reflexiones sobre la universidad a lo largo de los últimos treinta años, defiendo que la universidad atraviesa un periodo histórico de transformación paradigmática impulsada por factores externos e internos. Se trata de un periodo en el que todo es posible, en el que se pueden identificar fuerzas transformadoras con sentidos opuestos, y, por lo tanto, sujetas a evaluaciones también constantes y en el que, como consecuencia, la resistencia al cambio no siempre es un factor negativo.Mi análisis se enfoca en las universidades públicas, pero con ciertas adaptaciones los mismos argumentos también son válidos para las universidades privadas, creadas a lo largo del tiempo con propósitos más nobles y amplios que el mero afán de lucro. A lo largo de los varios capítulos de este libro trato de demostrar que parte de la crisis de la universidad, iniciada a partir de mediados del siglo pasado, es el resultado de la mayor visibilidad y diversidad de los grupos sociales que luchan contra la exclusión social, la desigualdad y la discriminación racial y cultural. Durante mucho tiempo la universidad pretendió mantenerse ajena a las luchas y los conocimientos de estos grupos sociales, así como sus demandas por acceso a la universidad para sus hijos. Esta cerrazón, y la respuesta que suscitó, repercutieron de diferentes maneras en la legitimidad y en la estabilidad institucional de la universidad. Especialmente en el tercer y cuarto capítulos muestro que en las dos últimas décadas las transformaciones del capitalismo global son las que han tenido mayor impacto sobre la vida de las universidades. A medida que las élites de los países fuera del eje Europa-Estados Unidos dejaron de confiar en las universidades para educar a sus hijos, y en la medida en que el capitalismo pudo comenzar a contratar su mano de obra calificada en cualquier país, los estados nacionales comenzaron a reducir su inversión en las universidades, tanto en el plano financiero como en el simbólico-ideológico. Como parte de la misma estrategia, en los últimos años ha aumentado la presión para transformar a la universidad en una empresa capitalista como cualquier otra, para proletarizar a sus profesores y convertir a los estudiantes en consumidores de un servicio más, como cualquier otro. La creatividad, el pensamiento libre, el saber y la innovación sin valor económico cada vez son más marginados, y ya comienzan a ser sospechosos o simplemente inútiles. Si los universitarios y sus aliados no se resisten a esta presión tan fuerte dentro de pocos decenios la universidad, tal y como la conocemos, podrá haber desaparecido. Trato de sugerir algunas líneas de resistencia e innovación para que esto no suceda. Sostengo que en el siglo XXI la universidad pública será menos hegemónica en el campo de la producción de conocimiento avanzado, pero no menos necesaria. Su especificidad como bien público es la de ser la institución que une el presente y el pasado, con el futuro a mediano y largo plazos a través del conocimiento y de la educación que genera. También es la institución que crea un espacio público privilegiado, potencialmente dedicado al debate abierto y crítico de las ideas. Pero es precisamente por estas dos razones que la universidad pública actualmente no cuenta con aliados fuertes. Es, por esto, un bien público permanentemente amenazado. Las amenazas vienen tanto de dentro, de quienes no quieren transformar la crisis de la universidad en una oportunidad para su emancipación, como de fuera, de los que ven a la universidad como un peligro para sus poderosos intereses políticos y económicos.De Baruch Spinoza a David Hume, de Frantz Fanon a Paulo Freire, sabemos que mucho del conocimiento innovador y transformador del pasado se desarrolló fuera del ámbito universitario, y no hay ninguna razón para pensar que hoy no suceda lo mismo. Lo importante es que en estas condiciones actuales la universidad tenga más conciencia de esto que en el pasado, y que se abra más a los diferentes tipos de conocimiento que circulan en la sociedad, principalmente entre los grupos sociales oprimidos que luchan en contra de la dominación social, ya sea de corte capitalista, colonialista o patriarcal, y en contra de los poderes políticos o religiosos que la sustentan.En los términos de la propuesta epistemológica que he formulado es crucial que la universidad busque nuevos aliados interesados en la articulación de los diferentes conocimientos, lo que yo llamo la ecología de los saberes. Una epistemología del Sur, México, Siglo XXI Editores, 2009; Epistemologías del Sur (con Maria Paula Meneses), Akal, 2014.
A jóvenes, profesionales y autoridades.
978-607-03-0706-5
DEVENIR, ÉLITES, REPERCUSIÓN, PARADIGMATICA Y LEGITIMIDAD
370.379
LA UNIVERSIDAD EN EL SIGLO XXI - Primera edición; - México; Siglo XXI editores; 2015 - 173 páginas; Tapa flexible, sin imagenes, solo letras. 13.5 x 21 centímetros; Impreso Pequeño
1. Para una pedagogía del conflicto 2. De la idea de universidad ala universidad de ideas 3. La universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipadora de la universidad 4. La encrucijada de la universidad: A propósito de la universidad Europea
La universidad es una de las instituciones que mejor ha resistido la erosión del tiempo. Para esto, en el devenir de los siglos su estructura institucional ha sufrido profundas transformaciones. Si las analizamos al momento de su creación, las universidades más antiguas tienen muy poco en común. La Universidad de Tombuctú (ciudad de África Occidental, en lo que hoy es Mali, fundada en el año 982 de nuestra era y que en el siglo XII era frecuentada por unos 25 000 estudiantes) o la Universidad Al Azhar (fundada en El Cairo, Egipto, en el año 970, que actualmente supervisa una red de instituciones con dos millones de estudiantes), las principales universidades medievales (Boloña, fundada en 1088, Oxford, ¿fundada en 1096?, París-Sorbonne, fundada en 1150, Coimbra, fundada en 1290) y la Universidad de Humboldt de Berlín, fundada en 1810, cuyo modelo luego se expandió hacia toda Europa, América y el mundo. En común tuvieron el impulso inicial de promover los estudios avanzados y de formar élites (religiosas, políticas, culturales, científicas).La historia de la universidad nos ofrece una doble imagen. En cada momento histórico la universidad surge como una estructura pesada y rígida que se resiste al cambio, mientras que a lo largo del tiempo nos topamos con giros, a veces drásticos, que casi siempre son provocados por factores externos a la universidad, de tipo religioso, político o económico. Tal vez la gran excepción sea el movimiento interno, estudiantil, de la Universidad de Córdoba, Argentina, de 1917, que tuvo repercusión en las universidades de toda Latinoamérica.La pregunta que surge hoy es si actualmente la universidad vive un momento de estabilidad institucional o uno de transformación. En el libro que les presento, con mis reflexiones sobre la universidad a lo largo de los últimos treinta años, defiendo que la universidad atraviesa un periodo histórico de transformación paradigmática impulsada por factores externos e internos. Se trata de un periodo en el que todo es posible, en el que se pueden identificar fuerzas transformadoras con sentidos opuestos, y, por lo tanto, sujetas a evaluaciones también constantes y en el que, como consecuencia, la resistencia al cambio no siempre es un factor negativo.Mi análisis se enfoca en las universidades públicas, pero con ciertas adaptaciones los mismos argumentos también son válidos para las universidades privadas, creadas a lo largo del tiempo con propósitos más nobles y amplios que el mero afán de lucro. A lo largo de los varios capítulos de este libro trato de demostrar que parte de la crisis de la universidad, iniciada a partir de mediados del siglo pasado, es el resultado de la mayor visibilidad y diversidad de los grupos sociales que luchan contra la exclusión social, la desigualdad y la discriminación racial y cultural. Durante mucho tiempo la universidad pretendió mantenerse ajena a las luchas y los conocimientos de estos grupos sociales, así como sus demandas por acceso a la universidad para sus hijos. Esta cerrazón, y la respuesta que suscitó, repercutieron de diferentes maneras en la legitimidad y en la estabilidad institucional de la universidad. Especialmente en el tercer y cuarto capítulos muestro que en las dos últimas décadas las transformaciones del capitalismo global son las que han tenido mayor impacto sobre la vida de las universidades. A medida que las élites de los países fuera del eje Europa-Estados Unidos dejaron de confiar en las universidades para educar a sus hijos, y en la medida en que el capitalismo pudo comenzar a contratar su mano de obra calificada en cualquier país, los estados nacionales comenzaron a reducir su inversión en las universidades, tanto en el plano financiero como en el simbólico-ideológico. Como parte de la misma estrategia, en los últimos años ha aumentado la presión para transformar a la universidad en una empresa capitalista como cualquier otra, para proletarizar a sus profesores y convertir a los estudiantes en consumidores de un servicio más, como cualquier otro. La creatividad, el pensamiento libre, el saber y la innovación sin valor económico cada vez son más marginados, y ya comienzan a ser sospechosos o simplemente inútiles. Si los universitarios y sus aliados no se resisten a esta presión tan fuerte dentro de pocos decenios la universidad, tal y como la conocemos, podrá haber desaparecido. Trato de sugerir algunas líneas de resistencia e innovación para que esto no suceda. Sostengo que en el siglo XXI la universidad pública será menos hegemónica en el campo de la producción de conocimiento avanzado, pero no menos necesaria. Su especificidad como bien público es la de ser la institución que une el presente y el pasado, con el futuro a mediano y largo plazos a través del conocimiento y de la educación que genera. También es la institución que crea un espacio público privilegiado, potencialmente dedicado al debate abierto y crítico de las ideas. Pero es precisamente por estas dos razones que la universidad pública actualmente no cuenta con aliados fuertes. Es, por esto, un bien público permanentemente amenazado. Las amenazas vienen tanto de dentro, de quienes no quieren transformar la crisis de la universidad en una oportunidad para su emancipación, como de fuera, de los que ven a la universidad como un peligro para sus poderosos intereses políticos y económicos.De Baruch Spinoza a David Hume, de Frantz Fanon a Paulo Freire, sabemos que mucho del conocimiento innovador y transformador del pasado se desarrolló fuera del ámbito universitario, y no hay ninguna razón para pensar que hoy no suceda lo mismo. Lo importante es que en estas condiciones actuales la universidad tenga más conciencia de esto que en el pasado, y que se abra más a los diferentes tipos de conocimiento que circulan en la sociedad, principalmente entre los grupos sociales oprimidos que luchan en contra de la dominación social, ya sea de corte capitalista, colonialista o patriarcal, y en contra de los poderes políticos o religiosos que la sustentan.En los términos de la propuesta epistemológica que he formulado es crucial que la universidad busque nuevos aliados interesados en la articulación de los diferentes conocimientos, lo que yo llamo la ecología de los saberes. Una epistemología del Sur, México, Siglo XXI Editores, 2009; Epistemologías del Sur (con Maria Paula Meneses), Akal, 2014.
A jóvenes, profesionales y autoridades.
978-607-03-0706-5
DEVENIR, ÉLITES, REPERCUSIÓN, PARADIGMATICA Y LEGITIMIDAD
370.379